martes, 8 de febrero de 2011

MIENTRAS LLEGAS...

Camino por la plaza principal, son las 17:45, caen una gotas tímidas mientras un viento del norte sopla, leve, un niño potosino que no pasa los cuatro años da vueltas alrededor de su latita en el piso, salta, mueve los brazos y la cabeza mientras el radio suena unas tonadas que parecen tinku. Lo veo y noto en sus ojos cansancio, lo hace (quizás) no por las monedas, sino porque siente la música en el cuerpo, se acerca una señora, se inclina y lanza un par de centavos mientras le acaricia la cabeza que la tiene forrada de un gorro típico de su pueblo, sonríe y comenta con la amiga que eso no debería pasar, no debería existir niños en las calles.

Como siempre está atrasada, quedamos a las 17:30, a veces llega demasaido tarde, ya casi me acostumbra su impuntualidad. Camino un par de cuadras, suena el celular, dice que se atrasará otros quince minutos. Voy por un helado, pienso que nada cambiará, seguiremos ese juego de buscarme cuando quiera y estar, yo, cuando pueda. Una canción de Lady Gaga suena por los parlantes del radio del puesto callejero que está en una de las aceras, de repente escucho seis latigazos que suenan a mi costado, un hombre se desploma mientras una chica de unos trece años grita asustada, todos nos ponemos pecho a tierra mientras tratamos de ubicar de dónde viene el sonido, un hombre de no más de treinta años avanza hacia el lado opuesto de la calle, arma en mano, se monta en una motocicleta donde lo espera otro individuo con un casco puesto, arranca y se pierden doblando por la esquina derecha.

Las piernas dobladas, se toca el pecho, la gente se amontona, gritos, ella, debe ser su hija pide que lo ayuden, por favor, los autos se detienen y un par de señoras lloran al verlo ahí tendido, con la boca abierta y un rojo opaco que mancha sus ropas, está echado tomándose con una mano el pecho. Fueron disparos, sin más que medie el ocaso estoy ahí de pie, sacudiéndome la ropa, veo dos huecos en la pared, sigue sonando Lady Gaga.

Vuelvo a la plaza, el niño está sentado contando las monedas de su latita, un señor se acerca y le entrega una botella semivacía con soda, un guardia municipal lo mira y sigue hacia el puesto de periódicos, cruza la vereda y pregunta algo que no escucho mientras habla por el handie. Busco una silla vacía, unos niños corren, algunos con globos en la mano, otros tratan de agarrar palomas con los brazos extendidos, se han encendido las luces de los faroles, iluminan los árboles, las hojas caídas, un par de viejitos preguntan una dirección, tres cuadras más arriba, van de la mano, él con un bastón, ella un chal blanco.

Llega con el bolso al hombro y un cuaderno, hablamos un rato, pregunta si ha pasado algo interesante, me quedo callado, veo a los costados y respondo: algunas cosas, vamos a “Café 24”, nos sentamos, toca una canción de Bosé, pedimos unos café cortado, la noche va cayendo, veo los faroles encendidos mientras en la plaza los niños juegan.

martes, 1 de febrero de 2011

CARTA A ELLA...

Van varias cartas que envío y aún no sé de ti, parece que has decidido tomar un descanso y recluirte como lo hace Naoko en Tokio Blues de Haruki Murakami, quizás (al igual que ella) veas la vida diferente y creas que de una u otra forma necesitas ese espacio de soledad y alejarte del mundo entero, incluso de mí y sentir que todo debe volver al estado de paz que estaba hace un par de meses. A veces, de noche, empiezo a escribir contándote los miedos y dudas, los vacíos e intervalos de tiempo en que se me nubla la mente y no puedo, no puedo seguir porque veo que algo no cuadra, doy vuelta la página y siento que nada tiene sentido, nada, la rompo y empiezo otra vez describiendo con detalles cómo ha sido hoy, desde que me levanto hasta que sentado en la silla de la sala, a la luz de la lámpara de 40 wats que tiene el brazo flojo y que con un par de ligas he logrado que permanezca estable, anochece, en medio de intentos desesperados de salvar este abismo entre la mente y el lápiz, ese lugar tan oscuro, inhóspito.

A veces mis historias empiezan con ánimos renovados, diciendo que hoy ha sido un día estupendo y que nada de lo que pasa afuera importa realmente, que hoy he decidido empezar de cero y ponerme metas que esta vez sí voy a alcanzar, pero luego me detengo, me detengo pensando que te miento y me miento, que no soy quien escribe esas letras, que no soy yo quien está sentado en este departamento desordenado y poco iluminado, en medio de restos de comida, envases sucios y ropa a montones que me da vergüenza describir, entonces voy al baño, enciendo la luz y veo el reflejo en el espejo, no soy yo, veo a través de esos ojos rojos y me doy cuenta que ninguna de las palabras que están en el papel tiene sentido y a pesar que la imagen demacrada quiere creer que está vivo y que todo es cierto, hay algo muerto y ni las letras reflejadas en las paredes en ese blanco marchito que ciega podrán revivirlo.

Anoche me agarró la nostalgia y revisé en el computador tus correos, donde decías que todo saldrá bien, nada de lo que opinen los demás importa, sólo los segundos, minutos y horas que estoy a tu lado cuentan, a pesar de lo que crea, estás a mi lado, que si él te acompaña y pasa los días contigo, lo nuestro es más fuerte porque somos amigos, cuentas en unas líneas cómo nos conocimos y a pesar que nunca hemos salido a tomar un café o a pasear por las plazas de noche en viernes, estás conmigo siempre. Hoy hace frío, veo los vidrios de las casas vecinas y todos están empañados, algunos rayos de la noche se filtran por las cortinas, busco una frazada y la coloco sobre mis hombros y vuelvo a leer la carta que he dejado a medias mientras unas hormigas dan vueltas alrededor de unas migas de pan que están en la mesa.

Anoche soñé que estaba vivo y caminaba por la calle Jaen, me topé con varios seres que deambulaban por las aceras y veredas de las casas con las fachadas viejas y despintadas, pasaba delante de ellos y notaba en sus ojos el frío que esta noche mi cuerpo está sintiendo, los saludé y una mueca de tedio era todo lo que recibí, seguro buscaban la luz que no está más en nuestras vidas, ese hálito de ilusión que se les ha escapado, soñé que estaba vivo y respiraba, mis pulmones se hinchaban y trataba de retener la mayor cantidad de aire pensando que aún rondaba las habitaciones de tu casa, por un instante sentí que del norte venían nubes y algunas gotas caían, todo se tornó más frío aún, más oscuro.

Déjame decirte que cada tarde al regresar busco debajo la puerta una carta tuya, una hoja doblada que me diga que estás viva, que sigues a mi lado haciéndome compañía en medio de tanto desvarío, déjame decirte que no he olvidado la promesa que te hice cuando escribí la carta número cien hace ya un par de meses, no he olvidado que debo conocer cada semana alguien nuevo y tratar de buscar en esa compañía el fin a mi insomnio. No he podido cumplir la segunda promesa, la cual decía que al sentir la invasión de la soledad, dibujaría con palabras, historias que expíen mis miedos, en aquellas hojas que compramos en la Villa en septiembre (estaban de rebaja ¿recuerdas?), han sido historias, unas tras otras, reales o inventadas, cuando de noche no duermo enciendo el cigarro que dejo en la ventana y escribo y cuento vivencias de seres deformes, figuras vacías, una mezcla de colores opacos que de verlos provocan vómitos. He tratado de escribir el silencio sin poder reflejarlo en palabras esa dimensión de paz que me da cuando cierro los ojos y me dejo caer cansado.

Avísame si debo dejar de escribirte, dejar de fumar o dejar de conocer gente nueva.



Gustavo
19.01.11

lunes, 24 de enero de 2011

CARTAS A UNA AMIGA IV


Querida Manny:


Te escribo porque sé que sólo tu entenderías sin reproches lo que voy a contarte, no quise (o pude) decírselo a Claudia ni Nelly porque sé que no lo aceptarían y me juzgarían. Tengo miedo a defraudarte a ti, a mi madre, a mi familia y a mí mismo, miedo errar como lo he hecho en un par de negocios, estudios y amores, miedo a confesar que odio los concursos de belleza en una ciudad donde existe hasta “Miss Supositorio” y que a pesar de ello, mis cortejas han sido “Miss Facultad X de su Universidad” o “Miss Institución X”.

Este miedo que viene y va no es de ahora sino de hace un par de meses, a veces de noche despierto de golpe aterrado, los ojos abiertos, sin poder emitir ni un sonido y me quedo con la boca amarga, en ese instante recuerdo que han sido fantasmas, perros asesinos o cuevas oscuras y estrechas, quiero escapar, huir de un modo salvaje, mi cuerpo se torna pesado, escapo en cámara lenta y aún con los intentos básicos de supervivencia, el correr o volar son infructuosos.

Temo confesar que odio a los autores de culto, que a pesar de mi manía y obsesión de leer libros y visitar en Internet páginas y blogs de literatura, me doy cuenta que cada vez sé menos y eso me desespera, me hace ver un ser inferior ante el resto de los mortales, odio a los clásicos de los sesenta y setenta, esas vacas sagradas que no admiten discusión, temo decirlo porque sé que dentro el círculo que me muevo, los demás me comerían vivo, mirarían con desprecio y hundirían diciendo: ¿qué sabe ese infeliz, ése al que no le gusta Onetti, Borges o García Márquez?.

Me encierro días enteros en el departamento, las cortinas cubriendo cualquier hálito de luz que se filtre por las ventanas y así, en la complicidad que da la luz artificial y el oscuro del encierro, varío y desvarío en medio de las teorías más absurdas que imaginas, eliminando lo fatuo, lo superfluo y vanagloriando lo imperceptible, lo sutil. Vanidad, mi pecado favorito. Cuando tocan la puerta me quedo en silencio, quizás si escuchan mi respiración sepan que estoy vivo y me arruinen la depresión.

Hay días que salgo a la calle, libro en mano me doy a la tarea de buscar en alguna plaza del centro una banca escondida y me siento y leo, me quedo horas, me olvido del almuerzo, de la cena, de dormir y cuando termino de leer, levanto la cabeza preguntándome si hoy es lunes o martes y pienso que algo anda mal en el mundo, que las nubes no son parejas, que los perros debieran tener un color rojo o amarillo en su pelaje, pregunto ¿porqué las moscas no vuelan de retro, si he apagado la plancha o la garrafa, si hace frío o esa manía mía de andar con un suéter negro es pura obsesión?.

Tengo miedo encontrarla en la calle y no sentir ya nada por ella, sabiendo que en el fondo aún me aferro a imposibles y estupideces, miedo a contestar el celular y ver que ella, quien me acompaña ahora, me pregunte si estoy bien, si la extraño o pienso en ella y muy en el fondo saber que nada de eso sucede, que no me interesa ni importa ella ni ninguna otra y entonces, mientras escuche por el auricular que me dedica una canción y recomienda que esta noche al cerrar los ojos sueñe con ella, piense que prefiero los días nublados, las plazas vacías, sentir el frío del aire y el polvo en el viento, el resto se puede ir al mismo infierno (el infierno no soy yo, son los demás).

Tengo miedo a ser y no ser a la vez.

Un beso


Gustavo
21.01.11


lunes, 17 de enero de 2011

CARTAS A UNA AMIGA III

Querida Manny:

Han pasado semanas desde la última carta y aún tengo miedo soñar porque sé que estarán ellos, que me atormentan, ellos que dan vueltas la habitación tocando el techo con sus miradas frías y voces toscas, vacías, inhumanas, no sé si son fantasmas o reflejos míos que me abandonaron mientras los días han ido pasando. "A veces de noche enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad" y dejar impresas en las paredes aquellas sombras que aún permanecen visibles a pesar del tiempo.

Me resisto a dejarla ir, de vez en cuando veo sus fotos y trato de adivinar porqué sonríe si de fondo se divisa una tarde nublada, algunas hojas cayendo de los árboles y un perro echado en medio de la nada, la veo y un brillo fino sale de sus ojos, los dientes perfectos y la imagen segura de sí misma que contrasta con mi reflejo dubitante y cansado. No la dejo ir, no porque no quiera sino porque no puedo, sería justo decir que ella tampoco ha hecho mucho por despedirse o alejarse, sigue ahí, con la sonrisa burlona, los cabellos cayendo por los hombros desnudos mientras me ve de frente esa imagen grabada en el recuadro de papel, con el marco de plástico “made in China” y un vidrio que la secuestra de mis dedos.

Cuando cae la noche salgo al balcón que da a la calle y fumo uno, dos, tres cigarros pensando que falta un par de horas para jugar otra vez a encontrar mi sombra en la oscuridad, a adivinar si la música que vuela proviene de mi mente o del vecino que como otras veces se olvida que está vivo y se entrega al tequila hasta caer rendido de borracho. Los autos pasan y en medio de la reja del frente unos niños dibujan en la arena unas figuras que no termino de entender, levantan los brazos y ríen, un gato está echado al costado y a ratos levanta la cabeza y tras unos segundos la vuelve a apoyar en el piso mientras unas gotas van cayendo, las nubes de un plomo oscuro indecente se iluminan y se lanzan a llorar, doña Hortensia corre mientras la ropa tendida en el patio va cambiando de color al influjo de esas lágrimas frías.

Esta tarde salí con Claudia y reímos recordando cuando nos conocimos, ese mes de abril, chocamos afuera del cine, sus pipocas en el piso y mi soda en la camisa, recordamos que van a ser tres años y cada vez nos encontramos en la misma plaza, las mismas gradas, a la misma hora todos los viernes, damos un par de vueltas y luego vamos al mismo Café, elegimos los mismos lugares, cerca de la rockola y cuando están ocupados volvemos a la plaza y damos unas vueltas más. Fuma un “Marlboro rojo” y me pregunta si está bonita, le digo que sí, baja la cabeza y sigue fumando, escuchamos la canción de James Blunt que escupen los parlantes, Eagles y nos quedamos callados, tomo el libro de turno y le digo que éste es diferente a los otros, me pregunta de qué trata y escucha cada palabra, a ratos me interrumpe y pregunta si no es el mismo de la semana pasada, le digo que no, es otro, el anterior era de un sueco, éste es japonés, le muestro la portada donde una mujer está de espaldas con las manos cruzadas, una foto opaca, lo toma, le da vuelta y lee el resumen, parece interesante, dice.

Mañana será otro día y quizás ideas nuevas aparezcan de la nada y me interrumpan este letargo que ya lleva un buen tiempo, no creas que te he olvidado estos días ni que he dejado la pluma sobre el escritorio junto a la taza de café que me resisto a lavar, pasa que el silencio ha sido tan fuerte, tan grande que he tenido que lidiar con él y ahora que por un rato he escapado, he decidido escribirte y decirte que todo está bien, ahora está Verónica a mi lado, a ratos llena el vacío que ha quedado y me recuerda que la vida sigue, todo sigue, todo avanza, incluso yo.

Saludos

Viernes, 14.01.11

martes, 21 de diciembre de 2010

CARTAS A UNA AMIGA (PARTE II)

¿Te acuerdas cuando te conté que la había conocido en una noche de farra y desde que la ví, quedé prendido de ella?, ¿te acuerdas?. Han pasado casi dos años y aún la quiero como el primer día y aunque no estemos más juntos, es como si lo estuviéramos porque vive donde más me interesa y la necesito, está cuando la extraño y basta que cierre los ojos para verla, sentada en mi cama, cambiando de canal del viejo televisor que está sobre el mueble a media habitación.

La extraño porque hemos compartido todo, salidas, peleas, discusiones, abrazos, silencios, todo. Ya no está y la extraño. Lo nuestro fue hamor, así con “h”, porque fue un error.

También está Pamela, que la conocí en el café del centro, con sus amigas, modela ropa cuando le falta plata. Ahora (Pamela) anda de lo más feliz en la universidad y en la calle disfrutando de la sociedad a la que dice pertenecer. A veces nos juntamos en mi departamento y jugamos una partida de cacho (dos, tres... hasta que amanece) y tomamos unos vodkas asesinos hasta vomitar en la sala, el baño, la lavandería o donde nos pille, vomitamos y nos reímos, utiliza el gimnasio que tengo en el cuarto del fondo y ejercita hasta caer rendida y con el cuerpo mojado en transpiración, se echa a mi lado y mira el techo diciendo que “esto” es un error y terminamos haciéndolo toda la noche.

Te escribo porque me siento triste y no sé la razón, tengo lo que muchos soñarían y aún así el vacío va creciendo, tanto que asusta, me da miedo no encontrar el camino de retorno y es que no he dejado rastro que indique por dónde debo volver. Me han dicho que soy frío, inhumano, calculador, que en este juego de vivir, no me gusta perder, ¿a quién le gusta perder?. Ya ni la tibieza del clima calienta mis ideas y he decidido dejarme sentado en una banqueta del centro mientras la gente camina, las familias de la mano pasean y los árboles siguen ahí, contando los días que pasan mientras cambiamos el calendario una y otra vez.

Me recuerdas una canción de Sanz que dice: “ni siquiera te conozco pero sé que puedo ser tu amigo, porque has descolgado una estrella del portazo que diste por ir conmigo, sé que os debo tanto cuando os veo cantando susurros, a vos en grito, si piensas que no eres nada para mi…”.

Cuando el día termine, frente al espejo me preguntaré si hoy ha valido la pena, si hablar con Paty, con Clau o Jovi (que ahora está en Trinidad) ha valido la pena, que si Pame, Delma, Vero o la Equis han valido la pena. Qué difícil pensar si me he equivocado, si a pesar de los años aún estoy atrapado en este mundo, ¿qué difícil saber, ¿verdad?.

Hace tiempo que he dejado de soñar porque me cansé de las pesadillas (¿o ellas se cansaron de mi?), así que he decidido ir paso a paso, que cada día cuente, de una u otra forma. Extraño a Delma, quizás sea mejor aseverar como la canción de Arjona, extraño como era cuando estaba con ella. Aún intento saber si mantiene su número, si va al cine los sábados, si almuerza los domingos en el mismo restaurante o si de noche duerme acurrucada como la hacía conmigo. Qué difícil se me hace entender las cosas sin ella, tan cerca y tan lejos a la vez.

Esta historia no tiene fin, sigue, avanza, ahora está ella, que me acompaña cada día, que tiene su vida hecha y derecha y a pesar de ello, me resisto a pensar que es lo que necesito. Trágico, trágico, cursi, nunca pensé que escribiría eso, tenerla y que no me importe. No, no creas todo lo que digo, es el alcohol que corre por mis venas quien escribe, quien habla. Mentira, basura, todo es una mezcla de basura y mierda mezclada entre restos de porquería que han quedado de anoche y que pulula por el piso de mi sala mientras un par de ratas van comiendo los rastros de miga y el vómito que se ha comenzado a secar.

No sé si esto es fantasía, cuando despierto a veces pienso que todo es un sueño, producto de mi imaginación, salgo de la habitación y veo un orden espantoso, una limpieza que raya en la brutalidad y me doy cuenta que todo es un sueño, no hay rastros de haber vivido ayer ni cosa alguna que me recuerde que sigo aquí, me echo y vuelvo a dormir, pensando que mañana será otro día.



01.12.10

lunes, 29 de noviembre de 2010

CARTAS A UNA AMIGA


PARTE I.
¿Cómo está La Paz?, gracias por los segundos que me regalas cada vez que alzo el celular y disco tu número, de noche, estos días han sido más llevaderos porque sé que estás ahí y todo y cuanto hago, os debo, por tanto, sin el menor reparo, thanks.

¿Porqué elijo estar solo sin realmente estarlo?, es una forma de vida, un camino que elijo sin el mayor remordimiento, porque a pesar que ella está a mi lado, es como si no estuviera y eso me consuela, sé que ella no lee este blog por lo tanto no se molestará. Es lindo escribir una carta mientras escucho a System of a down: Holy. Algo de ese submundo de las letras se ha impregnado desde siempre en mis venas y no he hecho nada por exorcizarlas.

Escuché hace un tiempo el dicho “soy el demonio favorito del diablo”, gran frase ¿verdad?.

Extraño los días de soledad en La Paz, cuando bastaba un minibús de a luca, treinta minutos recorriendo las serpenteantes calles, con subidas y bajadas, mientras la noche cae y se puede divisar un par de estrellas a lo lejos, cholitas al lado, el voceador en su rudimentario español aseveraba “naidies más jefe”, caminar e ir con las putas de siempre, los ebrios de siempre, los desputes de siempre y cuando llega la madrugada y si aún estaba con tres de mis cinco sentidos, caminar hasta la Pérez Velasco y comerme un sándwich de chola, bien picantito hasta que la lengua arda y rematar con un vasito de alcohol fulero, agarrando las paredes, no vaya a ser que las casas se caigan a mi paso, vomitando lo que mis intestinos se negaban a procesar, fumando un pucho mientras la voz se ponía ronca y respirar costaba, por el asma que llevo hace años, mierda, extraño mis burdeles, mis cantinas, mis imillas y mi música chojchera.

No, ya no recuerdo a Andy, son tantos años, ha debido cambiar un montón, Ana también.

Está ella, que me pide volver, empezar una vida juntos, ella que sigue pensando como hace diez años y yo acá, negándome a volver, a recurrir a la memoria del tiempo sabiendo que aún vivo en ella. Está también la de la foto, la que te la mostré y era mi refugio mientras estaba y no estaba, ¿sigue ahí?, no, de acá se fue hace tiempo y no he sabido más de ella.

De la puta System of a down, ahora escucho “Aerils”, de la madre las birlochas que se quedaron y que sus vidas son una mierda, tanto como la mía, salud por ellas, cuando esté por allá nos tiramos unas botellitas de vodka con agua y quedamos como la última vez, tirados en alguna discoteca de mala muerte, luego te acompaño a tu casa y ahí lo dejamos, ¿para qué recordar más verdad?.

En esta vida no eres nadie si no tienes auto y casa, si no puedes lucir tu ropa de temporada, la zoociedad te lo exige, me vale un rábano la puta zoociedad, me niego a usar zapatos como entonces y camino, camino porque así descubro sentido al tiempo y veo que las piedras están por donde voy. Changa, ¿te acuerdas de la fulanita que era mi pupila y que anduvimos un par de días hasta que terminé por lo más sano (no el trago)?, ¿qué será de su vida?, la última vez me llamó al día siguiente que salí del quirófano diciendo que justo a las doce de la noche aparecí en la puerta de su cuarto, viéndola con una mirada fría e inhumana. Me pregunto, ¿acaso alguna vez tuve una mirada caliente y humana?.

De entre todas, vos eres mi amiga especial, mi confidente, me has escuchado llorar, cantar, me has visto joderle los días a la vida, reír y hasta en mis momentos de vergüenza extrema, he dejado que me lances un putazo bien dado, todo, a vos te permito todo.

Santa Cruz, 29.11.10