lunes, 17 de enero de 2011

CARTAS A UNA AMIGA III

Querida Manny:

Han pasado semanas desde la última carta y aún tengo miedo soñar porque sé que estarán ellos, que me atormentan, ellos que dan vueltas la habitación tocando el techo con sus miradas frías y voces toscas, vacías, inhumanas, no sé si son fantasmas o reflejos míos que me abandonaron mientras los días han ido pasando. "A veces de noche enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad" y dejar impresas en las paredes aquellas sombras que aún permanecen visibles a pesar del tiempo.

Me resisto a dejarla ir, de vez en cuando veo sus fotos y trato de adivinar porqué sonríe si de fondo se divisa una tarde nublada, algunas hojas cayendo de los árboles y un perro echado en medio de la nada, la veo y un brillo fino sale de sus ojos, los dientes perfectos y la imagen segura de sí misma que contrasta con mi reflejo dubitante y cansado. No la dejo ir, no porque no quiera sino porque no puedo, sería justo decir que ella tampoco ha hecho mucho por despedirse o alejarse, sigue ahí, con la sonrisa burlona, los cabellos cayendo por los hombros desnudos mientras me ve de frente esa imagen grabada en el recuadro de papel, con el marco de plástico “made in China” y un vidrio que la secuestra de mis dedos.

Cuando cae la noche salgo al balcón que da a la calle y fumo uno, dos, tres cigarros pensando que falta un par de horas para jugar otra vez a encontrar mi sombra en la oscuridad, a adivinar si la música que vuela proviene de mi mente o del vecino que como otras veces se olvida que está vivo y se entrega al tequila hasta caer rendido de borracho. Los autos pasan y en medio de la reja del frente unos niños dibujan en la arena unas figuras que no termino de entender, levantan los brazos y ríen, un gato está echado al costado y a ratos levanta la cabeza y tras unos segundos la vuelve a apoyar en el piso mientras unas gotas van cayendo, las nubes de un plomo oscuro indecente se iluminan y se lanzan a llorar, doña Hortensia corre mientras la ropa tendida en el patio va cambiando de color al influjo de esas lágrimas frías.

Esta tarde salí con Claudia y reímos recordando cuando nos conocimos, ese mes de abril, chocamos afuera del cine, sus pipocas en el piso y mi soda en la camisa, recordamos que van a ser tres años y cada vez nos encontramos en la misma plaza, las mismas gradas, a la misma hora todos los viernes, damos un par de vueltas y luego vamos al mismo Café, elegimos los mismos lugares, cerca de la rockola y cuando están ocupados volvemos a la plaza y damos unas vueltas más. Fuma un “Marlboro rojo” y me pregunta si está bonita, le digo que sí, baja la cabeza y sigue fumando, escuchamos la canción de James Blunt que escupen los parlantes, Eagles y nos quedamos callados, tomo el libro de turno y le digo que éste es diferente a los otros, me pregunta de qué trata y escucha cada palabra, a ratos me interrumpe y pregunta si no es el mismo de la semana pasada, le digo que no, es otro, el anterior era de un sueco, éste es japonés, le muestro la portada donde una mujer está de espaldas con las manos cruzadas, una foto opaca, lo toma, le da vuelta y lee el resumen, parece interesante, dice.

Mañana será otro día y quizás ideas nuevas aparezcan de la nada y me interrumpan este letargo que ya lleva un buen tiempo, no creas que te he olvidado estos días ni que he dejado la pluma sobre el escritorio junto a la taza de café que me resisto a lavar, pasa que el silencio ha sido tan fuerte, tan grande que he tenido que lidiar con él y ahora que por un rato he escapado, he decidido escribirte y decirte que todo está bien, ahora está Verónica a mi lado, a ratos llena el vacío que ha quedado y me recuerda que la vida sigue, todo sigue, todo avanza, incluso yo.

Saludos

Viernes, 14.01.11

martes, 21 de diciembre de 2010

CARTAS A UNA AMIGA (PARTE II)

¿Te acuerdas cuando te conté que la había conocido en una noche de farra y desde que la ví, quedé prendido de ella?, ¿te acuerdas?. Han pasado casi dos años y aún la quiero como el primer día y aunque no estemos más juntos, es como si lo estuviéramos porque vive donde más me interesa y la necesito, está cuando la extraño y basta que cierre los ojos para verla, sentada en mi cama, cambiando de canal del viejo televisor que está sobre el mueble a media habitación.

La extraño porque hemos compartido todo, salidas, peleas, discusiones, abrazos, silencios, todo. Ya no está y la extraño. Lo nuestro fue hamor, así con “h”, porque fue un error.

También está Pamela, que la conocí en el café del centro, con sus amigas, modela ropa cuando le falta plata. Ahora (Pamela) anda de lo más feliz en la universidad y en la calle disfrutando de la sociedad a la que dice pertenecer. A veces nos juntamos en mi departamento y jugamos una partida de cacho (dos, tres... hasta que amanece) y tomamos unos vodkas asesinos hasta vomitar en la sala, el baño, la lavandería o donde nos pille, vomitamos y nos reímos, utiliza el gimnasio que tengo en el cuarto del fondo y ejercita hasta caer rendida y con el cuerpo mojado en transpiración, se echa a mi lado y mira el techo diciendo que “esto” es un error y terminamos haciéndolo toda la noche.

Te escribo porque me siento triste y no sé la razón, tengo lo que muchos soñarían y aún así el vacío va creciendo, tanto que asusta, me da miedo no encontrar el camino de retorno y es que no he dejado rastro que indique por dónde debo volver. Me han dicho que soy frío, inhumano, calculador, que en este juego de vivir, no me gusta perder, ¿a quién le gusta perder?. Ya ni la tibieza del clima calienta mis ideas y he decidido dejarme sentado en una banqueta del centro mientras la gente camina, las familias de la mano pasean y los árboles siguen ahí, contando los días que pasan mientras cambiamos el calendario una y otra vez.

Me recuerdas una canción de Sanz que dice: “ni siquiera te conozco pero sé que puedo ser tu amigo, porque has descolgado una estrella del portazo que diste por ir conmigo, sé que os debo tanto cuando os veo cantando susurros, a vos en grito, si piensas que no eres nada para mi…”.

Cuando el día termine, frente al espejo me preguntaré si hoy ha valido la pena, si hablar con Paty, con Clau o Jovi (que ahora está en Trinidad) ha valido la pena, que si Pame, Delma, Vero o la Equis han valido la pena. Qué difícil pensar si me he equivocado, si a pesar de los años aún estoy atrapado en este mundo, ¿qué difícil saber, ¿verdad?.

Hace tiempo que he dejado de soñar porque me cansé de las pesadillas (¿o ellas se cansaron de mi?), así que he decidido ir paso a paso, que cada día cuente, de una u otra forma. Extraño a Delma, quizás sea mejor aseverar como la canción de Arjona, extraño como era cuando estaba con ella. Aún intento saber si mantiene su número, si va al cine los sábados, si almuerza los domingos en el mismo restaurante o si de noche duerme acurrucada como la hacía conmigo. Qué difícil se me hace entender las cosas sin ella, tan cerca y tan lejos a la vez.

Esta historia no tiene fin, sigue, avanza, ahora está ella, que me acompaña cada día, que tiene su vida hecha y derecha y a pesar de ello, me resisto a pensar que es lo que necesito. Trágico, trágico, cursi, nunca pensé que escribiría eso, tenerla y que no me importe. No, no creas todo lo que digo, es el alcohol que corre por mis venas quien escribe, quien habla. Mentira, basura, todo es una mezcla de basura y mierda mezclada entre restos de porquería que han quedado de anoche y que pulula por el piso de mi sala mientras un par de ratas van comiendo los rastros de miga y el vómito que se ha comenzado a secar.

No sé si esto es fantasía, cuando despierto a veces pienso que todo es un sueño, producto de mi imaginación, salgo de la habitación y veo un orden espantoso, una limpieza que raya en la brutalidad y me doy cuenta que todo es un sueño, no hay rastros de haber vivido ayer ni cosa alguna que me recuerde que sigo aquí, me echo y vuelvo a dormir, pensando que mañana será otro día.



01.12.10

lunes, 29 de noviembre de 2010

CARTAS A UNA AMIGA


PARTE I.
¿Cómo está La Paz?, gracias por los segundos que me regalas cada vez que alzo el celular y disco tu número, de noche, estos días han sido más llevaderos porque sé que estás ahí y todo y cuanto hago, os debo, por tanto, sin el menor reparo, thanks.

¿Porqué elijo estar solo sin realmente estarlo?, es una forma de vida, un camino que elijo sin el mayor remordimiento, porque a pesar que ella está a mi lado, es como si no estuviera y eso me consuela, sé que ella no lee este blog por lo tanto no se molestará. Es lindo escribir una carta mientras escucho a System of a down: Holy. Algo de ese submundo de las letras se ha impregnado desde siempre en mis venas y no he hecho nada por exorcizarlas.

Escuché hace un tiempo el dicho “soy el demonio favorito del diablo”, gran frase ¿verdad?.

Extraño los días de soledad en La Paz, cuando bastaba un minibús de a luca, treinta minutos recorriendo las serpenteantes calles, con subidas y bajadas, mientras la noche cae y se puede divisar un par de estrellas a lo lejos, cholitas al lado, el voceador en su rudimentario español aseveraba “naidies más jefe”, caminar e ir con las putas de siempre, los ebrios de siempre, los desputes de siempre y cuando llega la madrugada y si aún estaba con tres de mis cinco sentidos, caminar hasta la Pérez Velasco y comerme un sándwich de chola, bien picantito hasta que la lengua arda y rematar con un vasito de alcohol fulero, agarrando las paredes, no vaya a ser que las casas se caigan a mi paso, vomitando lo que mis intestinos se negaban a procesar, fumando un pucho mientras la voz se ponía ronca y respirar costaba, por el asma que llevo hace años, mierda, extraño mis burdeles, mis cantinas, mis imillas y mi música chojchera.

No, ya no recuerdo a Andy, son tantos años, ha debido cambiar un montón, Ana también.

Está ella, que me pide volver, empezar una vida juntos, ella que sigue pensando como hace diez años y yo acá, negándome a volver, a recurrir a la memoria del tiempo sabiendo que aún vivo en ella. Está también la de la foto, la que te la mostré y era mi refugio mientras estaba y no estaba, ¿sigue ahí?, no, de acá se fue hace tiempo y no he sabido más de ella.

De la puta System of a down, ahora escucho “Aerils”, de la madre las birlochas que se quedaron y que sus vidas son una mierda, tanto como la mía, salud por ellas, cuando esté por allá nos tiramos unas botellitas de vodka con agua y quedamos como la última vez, tirados en alguna discoteca de mala muerte, luego te acompaño a tu casa y ahí lo dejamos, ¿para qué recordar más verdad?.

En esta vida no eres nadie si no tienes auto y casa, si no puedes lucir tu ropa de temporada, la zoociedad te lo exige, me vale un rábano la puta zoociedad, me niego a usar zapatos como entonces y camino, camino porque así descubro sentido al tiempo y veo que las piedras están por donde voy. Changa, ¿te acuerdas de la fulanita que era mi pupila y que anduvimos un par de días hasta que terminé por lo más sano (no el trago)?, ¿qué será de su vida?, la última vez me llamó al día siguiente que salí del quirófano diciendo que justo a las doce de la noche aparecí en la puerta de su cuarto, viéndola con una mirada fría e inhumana. Me pregunto, ¿acaso alguna vez tuve una mirada caliente y humana?.

De entre todas, vos eres mi amiga especial, mi confidente, me has escuchado llorar, cantar, me has visto joderle los días a la vida, reír y hasta en mis momentos de vergüenza extrema, he dejado que me lances un putazo bien dado, todo, a vos te permito todo.

Santa Cruz, 29.11.10

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL RATÓN PÉREZ

A mi nene se le cayó su primer dientecito de leche y el ratón Pérez le ha regalado un muñecote. Su segundo diente anda flojo y cualquier momento también estará bajo la almohada y él hasta ya sabe que le traerá el susodicho roedor. Por mi parte espero que el dientecito quede unos días más en su lugar debido a que la economía del ratón Pérez anda por los suelos.


Fui al teatro a ver a David Santalla y como siempre, un espectáculo de primer nivel, renovado, reí a carcajadas.


Dios, dame paciencia, pero dámela ya!!!).


A grandes problemas, grandes soluciones, así de radical va a ser de ahora en adelante. Volvió el Vengadortóxico.


Me he propuesto bajar 5 kilos en un mes, llevo 3 y la situación se está poniendo incómoda, hambre a toda hora, no quisiera decir como Felipito (de Mafalda) que "mis debilidades son más fuertes que yo", así que metiéndole ganas.


A partir de hoy empiezo nuevamente unos cursos de Literatura que me tendrán ocupado hasta las 23:00, por lo que no tendré mucho tiempo.


A Cecy, Janeth, Adikia, y "laletralate", gracias por los comentarios.


Hasta la próxima

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL TROPEZÓN

En La Paz hay un antro (putero) llamado Tropezón, está en la calle Vicente Ochoa (o lo estaba cuando vivía allá), un antro donde el que no cae, resbala, una puerta metálica en el ingreso, un pasillo largo que había que entrar rapidito para que los vecinos no lo vean a uno, subir unas gradas, previa invitada de un pucho a don Esteban, que aún con sus años sacaba nomás de un puntazo a los metelíos. Por igual uno encuentra a k’epiris, auteros, borrachos, universitarios, ejecutivos, presentadores de noticias o alguno que otro político dándose una vueltita de popularidad, para contar al día siguiente entre los camaradas que fue al Trope y se cogió a la Perucha.

Las mesas y sillas pedían su retiro definitivo, pero la Euge nada, les echaba un trapo mojado encima y les sacaba brillo hasta que a veces uno podía verse clarito reflejado en ellas, si hacía frío encendían la calefacción, consistente en una estufa alimentada por una garrafa en medio del boliche. Si explotaba, luego los pacos deberían entrar a recoger a montones los cuerpos de las filomenas y parroquianos que tranquilamente podían pasar de la centena.

Estaba el Beto, a quien conocí en una de las cantinas de la Buenos Aires y desde que nos sentamos y lloró por una de sus birlochas, nos hicimos amigos, bastaba que le llamara unas horas antes y me tenía listita una mesa en un lugar estratégico, donde podía ver tranquilamente y sin que nadie moleste, el menear de caderas, quien entraba y salía y si llegaba una buenota, ser el primero en agarrarla y llevarla a la mesa. Con diez pesos de propina se conseguía eso y si le daba diez pesos más, traía un vaso realmente limpio y no enjuagado con otra cerveza en la barra.

Había días que no pasaba nada, ni fu ni fa, no había ambiente y entonces uno tenía que retirarse a otro boliche por Tembladerani, pero también estaban los días, especialmente viernes y sábado, que uno la pasaba bien con cincuenta pesos, toda la noche metiéndole duro a las chelitas y al pucho, mientras las imillas le metían como descocidas a la charla, a maquillarse, a ver si entraba uno de sus clientes VYP (vejete y putero).

La Mafalda, una mujer que rondaba los cuarenta años, minifalda siempre negra, saquito rojo y maquillada como Dios manda, vigilaba a las muchachas, que ninguna fuera manoseada, insultada ni jaloneada por los borrachos que como opas miraban desde la entrada o gritaban desde sus sillas cuando ya el dios Baco había hecho presa de ellos. En el fondo era buena gente aunque a veces te metía mano sin más ni más o se bebía de un trago tu chelita (siempre fiel, la única fiel) y entonces te decía: ésta naranjas fantas en la cama, esta otra anda con la visita del cartero, aquella otra está con una venérea hace tiempo, si te la coges a ésta viene su macho y te revienta un botellazo en la nuca, ésa tiene los pechos cero, etc..

Los baños eran cosa aparte, olían a lavandina, naftalina y orines, no sé cual era más fuerte. A veces se formaban filas para deshacerse de los líquidos corpóreos que sobraban y si uno se tardaba mucho, su mesa ya estaba ocupada por otro y ni a quien reclamar porque la indiada es jodida y cuando está borracha peor todavía, rompía una botella en la mesa y meta a la pelea, se podía formarse un desmadre, navajita en mano incluida, para esas ocasiones estaba el Beto, que cuidaba como perro mastín la mesa de uno.

Trabajaban en sus buenos tiempos, la Perucha, la Cuchipampa, la Miss Chijini, la Risitas, la Hortensia, la Paola, la Panchita, la Rosío y otras que no recuerdo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

ME ENCONTRÉ CONMIGO EN UN BAR

El otro día me encontré conmigo en un bar.

Cuando entré, me vi sentado en una de esas viejas sillas, que de sillas sólo tienen el nombre, ya que son un rejuntado de madera sujetada por clavos que salen por todo lado y además están amarradas por un tanto de cuerdas, pitas y pedazos de tela, manchadas de sangre, vómito y un montón de porquerías que devuelve cualquier hijo de vecino que ha tenido más que suficiente. Me vi sentado con la cabeza apoyada en la mesa sosteniendo un vaso medio vacío con vodka, dije, ése soy yo, sólo a un cabrón como yo se le ocurre tomar vodka en una cantina de mala muerte, habiendo tirillo, cerveza o simple y puro alcohol que mate el hambre que generalmente llevo en el estómago. Me vi unos instantes y me di cuenta que seguía con la ropa que hace un par de días rescaté de una caja vieja que encontré en una de las esquinas del callejón donde suelo dormir.

Escuché el agudo chasquido del vaso al chocar la mesa metálica y vi que de un sopetón estaba seco, de un jale vacié el contenido de la botella otra vez en ese vaso hecho de lata de cerveza, intenté vomitar pero me di cuenta que hace días no había comido nada por lo que si nada había entrado, nada podía salir. Un rato de esos en que la habitación dejó de moverse, levanté la cabeza y vi que el antro estaba lleno, saludé al Topo y al Tincho que estaban en la mesa del frente con dos frías y un par de puchos, volví a ver el vaso que esta vez estaba medio lleno.

Llamé al desgraciado del Condori, que sirve las mesas y cuando puede sonsaca la billetera sin que te des cuenta y no sé cómo le hace pero luego, ésta aparece otra vez en tu bolsillo pero sin un quivo, y le dije, servime lo mismo que ese cabrón, mientras me señalaba, sosteniendo el pulso y tratando de no caer al piso, porque como ya dije, el boliche daba vueltas que daba miedo, a ochenta por hora, veía un juego de luces que bien podía ser de la comisaría, pero no, eran del Antofagasta. Acercó una mesa y me sentó a mi lado, no tan cerca que pueda sentir los fétidos eructos que salían como sinfonía en do menor, ni tan lejos que no pueda darme cuenta que había orinado ahí mismo sentado sobre mi pantalón. Lo agarré al Condori y le di dos billetes que era todo lo que tenía, recomendándole que baje el volumen de la música, que sonaba muy monótona (podía ser la sirena anunciando la llegada de los pacos, otra vez a joder la chupita) mientras tomaba uno de los puchos que estaba en el piso y empecé a quitarle sus últimos segundos de vida.

Pensaba, qué raro que justo hoy, cuando tenía más ganas de estar solo, me vine a encontrar en esta ratonera y que raro que hoy no haya llovido porque bien sabido es que en La Paz el rato menos pensado empieza a llorar el cielo y si no tienes donde caerte muerto, peor protegerte de una ducha forzada. Aquí está perejil, escuché de reojo mientras una jarrita y un vaso que de limpio no tenía nada las puso delante, pagué (impuestos incluidos) y mis bolsillos qudaron más secos que labios de perro muerto, dije salud!, en la otra mesa nadie respondió la gentileza porque a esa hora mi otro yo, yacía ebrio, la cabeza colgando y restos de vómito en la polera y dije, así son los ebrios, salud!