Mostrando entradas con la etiqueta NARRACIONES EN DO MENOR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NARRACIONES EN DO MENOR. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de diciembre de 2009

DON VENANCIO


DON VENANCIO




Buen día don Venancio, veo como amaneció después de la fiestita que se dio ayer, no se preocupe que no le vengo a reprochar el no haberme invitado y es que a veces pareciera que de compadres solo queda un tibio recuerdo.

Me sorprendió haberme enterado que la única invitada fue doña Bertha, la dueña de la pocilga que usted llama hogar. Quién diría que a su edad la mezquindad de unos cuantos tragos me hubiera eliminado de tan exclusivo jolgorio porque las malas lenguas hablan más de lo que deberían y usted a tan avanzada edad ha quedado muy bien parado. Déjeme informarle que todo el barrio ya se ha enterado de sus travesuras y que algunos vinieron a verlo personalmente, no sé si ha reprocharle, felicitarle o simplemente ver como está, lo que si sé es que la noticia del día es usted don Venancio.

No me mire así que yo también tuve mi fiestita aparte y a esta hora del día apenas puedo sostenerme en pie, por lo que escucharlo en este momento no podría, ni siquiera sentir uno de sus fétidos alientos, pero su mirada lo dice todo.

Debí suponer que en su cumpleaños haría algo, pero a su edad un juego de naipes o un dominó era todo lo que creí. No cualquiera llega a su edad, imagínese, hoy cumple setenta y nueve años pero al verlo así pareciera que cumple noventa y siete, no sé si será la vida que ha llevado o la fiestita de anoche que me lo dejó tan maltratado que da esa impresión.

Imagínese mi sorpresa esta mañana al enterarme de su reunión, ¿así nos llevamos ya don Venancio?, ¿ya no se acuerda de los amigos?, le confieso que al principio me sentí traicionado porque es la primera vez en años que le mete al chupe sin éste su compadre fiel, pero luego me dije… ¡qué carajo, yo también le metí al alcohol sin su presencia!.

Pero para que vamos a enojarnos si el motivo de mi presencia es una visita más. Así como me ve, le traje este ramito de flores lo cual demuestra que a pesar de todo, lo estimo mucho, ah y esta botellita de alcohol que dada la ocasión para algo ha de servir o a su nombre puedo secar, si usted me da permiso.

No se preocupe de aquí en más, de futuras invitaciones o juerguitas por ahí, por doña Bertha usted quédese tranquilito que yo sabré consolarla como se merece. Ahora me voy porque han venido a verlo más amigos suyos y mi presencia parece que en algo molesta. Hasta pronto don Venancio, ya nos estaremos encontrando más allá o más acá, eso si, fíjese para donde apunta porque yo, segurito iré para abajo, ahora me voy, el frío de esta morgue ha empezado a calar mis huesos y ya no estoy para estos trotes, un abrazo, cuídese y hasta la próxima.


(agosto 2007)

viernes, 4 de septiembre de 2009

DIARIO VIVIR



DIARIO VIVIR


(Solo los nombres han sido cambiados)


Abro la puerta del baño y la veo inclinada sobre el mesón juntando en un pedazo de vidrio un poco de cocaína, con un papelito blanco doblado hace de izquierda a derecha y forma una pequeña porción, baja la cabeza y respira tapándose una fosa nasal, cierra los ojos y repite, aspira, me mira y pregunta si quiero probar, digo que no, aún no estoy listo para intentar algo más fuerte que las simples mezclas de pastillas, energizantes y alcohol. Estábamos desde las cinco de la tarde tomando vodka y una que otra cerveza, a eso de las ocho de la noche tomamos el primer energizante, a los cinco minutos es como si empezáramos de cero, jugamos, reímos; a las diez enciende el primer pitillo de marihuana, ese olor clásico y nauseabundo, fueron siete quizás ocho aspiradas y parece transformarse, mueve los brazos y cierra y abre las manos, me abraza, besa, acaricia mi cuello y pasa las manos por el cabello, agarra el vaso que tiene vodka y lo seca sin mayor trámite que un “salud” casi inaudible, escuchamos música, primero reguetón, esa noche llegué a odiarlo más que antes, siento como si un taladro perforara mi sien y todo pensamiento que circula vagamente se hace extraño, raro, odio esa música, ella canta, de pie baila, repite cada frase, cada letra, me mira y besa.

¿Sabes que mañana tengo exposición y tarea que voy a empezar cuando te vayas y me dejes descansar?, no tengo ganas de hacer nada, todo se me hace muy fácil, basta leer una vez y entiendo todo, no me da la gana de dedicarle más tiempo que el mínimo, prefiero pasármela contigo un rato, pero vos no vas más allá, no fumas, no aspiras, eres un aburrido. La miro y siento que en algún momento debe venir la decisión, hace días que siento algo no está bien, no sé si es la sensación de vacío que me da cuando la dejo, esa necesidad de protección que despierta en mi o simplemente una costumbre que muy rápido se ha metido en mi mente. El baño sigue a media luz, un espejo que va casi hasta el techo, un cepillo de dientes rojo, un peine café oscuro que denota cierto desgaste y un jaboncillo rosado a medio gastar es lo único que puedo ver. Hace minutos tomamos una ducha y aún se siente la humedad que sale de las paredes y se instala en nuestros cuerpos, en el aire, en la habitación.

Cambia, cambian las luces, la música suena más despacio, me dirijo a la sala, agarro el control y subo cuatro quizás cinco puntos el sonido del televisor, empiezo nuevamente a escuchar a Juanes, todo da vueltas, la cabeza, la habitación, la casa, la ciudad, el mundo, siento que todo gira, por fin entiendo que el mundo da vueltas y se forma el día y la noche. Limpio su nariz que aún tiene rastros del polvo blanco, se sienta y se deshace de la blusa y el jean que le estorba en sus movimientos suaves, queda en ropa interior, hace calor, demasiado, se acerca y se deshace de la polera que ya de por si la siento pesada, el sofá de dos cuerpos es incómodo, los cojines se mueven, caen, no es lo suficientemente grande ni espacioso, la mesita central con su vidrio de 4 mm. color café ahumado refleja nuestros cuerpos semidesnudos, toma un cigarro y de a poco va aspirando, botando el humo, agarra el vaso y lo llena, me invita una copa , brindamos por habernos conocido, porque a pesar de todo seguimos juntos. Que vacía está la habitación, no hay cuadros, no hay adornos, focos desnudos que alumbran y llegan hasta donde los muebles permiten, el blanco de las paredes lo hacen sombrío, siento que falta luz, falta ventilación, me sofoca tanta desnudez en el ambiente.

Ya no quiero estar contigo, puedes irte y acostarte con quien te de la gana, sé que las miras cuando salimos juntos, que las ves y no tienes la mínima vergüenza ni respetas que estoy a tu lado, ¿quieres con Justin, con Mía o Chelsee?, ya no quiero salir contigo, ya no somos nada, vete con ellas o quien quieras, crees que no sé que sales con tu ex y con varias y yo como tonta voy tras de ti, suelta el cigarro que cae sobre el piso de cerámica que cada vez siento más caliente, veo a los costados, tomo la polera que yace en el piso, la veo, le doy un beso en la frente y salgo, dejo un papel en el que escribo un par de frases que recuerdo de alguna película, algún libro, algún loco que grita en el bar “gracias por todo”, “siempre estarás en mi corazón”, “cuídate, sabes que siempre estaré contigo”, “conocerás alguien que te quiera como tu quieres”, escucho las copas estrellarse contra las paredes, un llanto que escapa por las esquinas de las ventanas, dejo el celular en modo silencio y voy caminando las calles que yacen vacías, miro el reloj y van a dar las cuatro de la mañana, las manos en los bolsillos, un cigarro a medio encender en los labios y en la mano una botella de tequila que voy tomando a sorbos, pienso en como nos conocimos, como la vi y no me animé a hablarle, me gustaba Mía, me gustaba Justin, Chelsee no, no es mi estilo. Un auto gira y por la ventanilla botan una lata de cerveza, casi choca con el poste de la esquina, frena en seco, sale un tipo gordo de unos cincuenta años, ve el costado del auto y putea porque el raspón va casi de esquina a esquina. Las noches en que caminábamos por la plaza principal, de la mano, jugando a que éramos pareja, ella la mujer delicada y hacendosa, preocupada por los hijos que no quiere pero sabe vendrán y sus estudios, quejándose de todo menos de dinero, es algo que no le hace falta, yo, como siempre serio y callado, preocupado en la situación del país, del último libro que no puedo terminar de leer, Río Fugitivo de Paz Soldán, voy por el segundo capítulo y aún no logra atraparme, me gustó Palacio Quemado, una retrospectiva tan interesante que me recuerda a mi función en el trabajo, el escribano del dictador, el escribano del jefe al que todos odian y al que defiendo porque me conviene defenderlo. Mía es casada y tres días antes me propuso tener una relación que ni su marido ni Paola deben enterarse, debe ser cosa de dos, nadie tiene porque saber nada, Justin me mira y pregunta si la relación es seria, me da su número que aún guardo en el bolsillo de la camisa azul que está botada en la cama.

Son las cinco de la mañana, tomo un taxi y voy de regreso al departamento, una ducha, quizás un café, no puedo dormir, tengo miedo si lo hago no despierte para las ocho, tengo una reunión en gerencia y debo estar sano, lúcido, casi hora y media dando vueltas, caminando, bajo en la esquina, quiero ir las dos cuadras lento, despacio, veo la avenida que da al condominio, la veo sentada en la puerta, las manos en la cabeza, la blusa negra que dice había olvidado en mi casa, la falda pequeña y corta que muestra las piernas delgadas que me enloquecen, unas sandalias negras, un cigarro en la mano, te odio, sabes que te odio con todas mis fuerzas, veo mi celular, diecisiete llamadas perdidas, tres mensajes de texto.

Me levanto a las siete y media, tomo un poco de café y unas tostadas que han estado no sé cuanto en el refrigerador, una ducha, la ropa limpia, la camisa, el pantalón, la billetera, doy vuelta, la veo en la cama desnuda, tengo una reunión a las ocho.

jueves, 27 de agosto de 2009

A ELLA, A ELLOS, A NOSOTROS...


Una narración íntima, demasiado, sólo para quienes saben lo que significa ella, ellos, nosotros.


A ELLA, A ELLOS, A NOSOTROS...

Paciencia y calma repetía mientras subía las gradas que dan a la terraza del condominio, nunca me gustó utilizar el ascensor, tan fácil, tan lleno de espejos, no paras de mirar como cambian los números, primer piso, segundo piso, tercer piso, no era claustrofobia, simplemente me gustaba la sensación de subir las gradas a pie y ver como las piscinas se van haciendo más profundas y azules, catorce gradas a la derecha, catorce de frente, un pasillo y otras catorce a la derecha y otras catorce de frente, Lady laura abrázame fuerte Lady Laura y cuéntame un cuento Lady Laura. Son años soñando que algo grande ha de venir, están las ganas de encontrar el sentido a la vida que me haga renunciar a la idea de volver, miro arriba y las nubes van formando figuras amorfas que voy centrando y calculando el tamaño dándoles el toque de un avión, ésa otra de otro avión, aquélla de un avión, todas son un avión.

Camino contando los pasos hasta la parte posterior que muestra el restaurante de lujo que con sus luces de neón parpadea, uno de los focos no está bien, debían haberlo cambiado hace días, unas ropas en los tendederos de los vecinos, unos zapatos colgados en los cables de teléfono del vecino, una pelota de color azul y verde en un rincón, pinchada, sucia, dos palomas quietas miran el horizonte, unas ramas en el pico, a una le falta una pata, que importa tienen alas, no les hace falta patas. Han pasado ocho años y la vida sigue igual, los domingos a la misa de las nueve y media, la de las siete se me hace muy temprano, ¿qué voy a hacer a las ocho en el centro de la ciudad?, dar de comer a las aves, ver como juegan los niños mientras los padres a lo lejos hacen de oídos sordos pero los miran atentos a que nada les pase. Un aire tibio corre de norte a sur, las estrellas han empezado a salir, algunas parecen estar más cerca de lo habitual, aquélla es de color celeste, ésa parece un poco más blanca, ésa, ésa no tiene color, un brillo pero no tiene color.

Tengo a veces deseo de ser nuevamente un chiquillo, y en la hora que estoy afligido volverte a oír…, hace tiempo que no veo a mis padres, seguramente mi madre ha de estar tan inquieta como siempre, limpiando y ordenando aún el cuarto que hace años no ocupo, cambiando sábanas, comprando almohadas, desempolvando el empapelado de las paredes pensando que cualquier día voy a volver, saliendo en las tardes a la calle Comercio a dar una vuelta pensando que no hay más flojo que el que no tiene nada que hacer, buscando una lana de color amarillo, de noche se va a poner a tejer pensando que en mis salidas el frío entra por el cuello, nunca está demás una chalina repite cada vez; de pedir que me abraces y lleves de vuelta a casa, que me cuentes un cuento bonito y me hagas dormir…Mi padre seguro la acompaña y cuando está cansado prefiere ver un partido de fútbol, no le importa quienes juegan un partido es un partido, a ratos la mente se le entumece y el sueño le vence con facilidad, despierta y se vuelve a acomodar, mira a los costados y si mi hermana ríe le dice que está equivocada, él no duerme de día, aún las fotos que le toma y le muestra como evidencia, dice que no es él, se parece mucho pero no es él, ríe y va en busca de su soda, unas galletas, se mira al espejo y se peina, sigue vistiendo la camisa blanca de hace años, la chompa azul, el pantalón plomo y las pantuflas que solo se quita cuando va a salir.

Muchas veces quisiera oírte hablando, sonriendo; aprovecha tu tiempo tú eres aún un chiquillo…, una noche de noviembre luego de recibir una llamada de mañana, entré al cuarto de mi madre y sentándome a su lado me eché y vimos un capítulo de Marco, el niño que va de Italia a Argentina a ver a su madre que piensa ha de estar enferma. Te cuento que he tomado la decisión de irme a vivir lejos, es por mi bien, necesito cambiar de aire, de rumbo y hacer que muchas cosas en mi vida tengan sentido, me voy mañana, toda la tarde he ordenado las dos maletas que voy a llevar y un poco de dinero ahorrado, sé que me entenderás, tú también de joven dejaste tu casa e iniciaste una nueva vida, siento que necesito cambiar; a pesar la distancia y el tiempo no puedo olvidar, tantas cosas que a veces de ti necesito escuchar…, una lágrima baja su mejilla, se toma las manos y se niega a verme, siento que el corazón se me parte en pedazos, nunca volverá a ser el mismo corazón de madre que he conocido, que he sentido, no recibiré los besos que a diario busco con cualquier pretexto, la caricias que doy en sus cabellos y que el tiempo se ha encargado de cambiar a un blanco que me gusta y siempre me va a gustar, lo sé, te escuché hablando esta mañana, qué puedo hacer hijo, así es la vida, como madre sólo te puedo apoyar aunque se me parta el corazón, siempre vas a ser mi hijo, siempre voy a ser tu madre, eso no va a cambiar. A lo lejos las luces parpadean los autos van subiendo por la avenida principal mientras otros bajan al centro de la ciudad, una pareja camina por la calle vecina, ella sostiene un bebé de meses en las manos mientras él empuja un carrito en que uno niño grita y mueve los brazos mientras dice algo que no logro entender.

Cuantas veces me siento perdido durante la noche, con problemas y angustias que son de la gente mayor…, tan en su mundo, tan en otra cosa, se ha casado mi hermana hace un par de años y ya tienen dos hijas que son de lo más sencillas, la mayor es inquieta y habladora y pronto cumplirá tres, la menor aún con dos va descubriendo lo que sus manos pueden destruir, arranca las hojas de papel y se las lleva a la boca, toma una sonajera y la lanza como misil a la cabeza del primero que se interponga entre el espejo y ella, ha hecho su vida, ha formado un hogar, no perdimos una hermana, una hija, ganamos un hermano, un hijo, me repito siempre que así es, también nos ha avisado que en un par de semanas se va a Chile, siento que el corazón de madre se parte aún más, el corazón de padre se detiene y se pregunta que la vida es injusta, se los cría con tanto cariño y ellos se van; con la palma apretando mi hombro seguro dirías, ya verás que mañana las cosas te salen mejor…, la menor empieza a recorrer el mundo de las oficinas y trabajos que le va a costar poco encontrar, siempre en su mundo, apática, encerrada entre sus libros, discos y el rock que tanto le gusta pero tan poco se da la tarea de cultivar, sus enojos constantes, los caprichos permanentes cuando las cosas no le salen bien, sus encierros sin hablar pensando que los demás siempre están equivocados y que ella tiene razón. Miro hacia arriba y cierro los ojos, tengo ganas de volar, no en el espacio que divide mi cuerpo del cielo sino en el tiempo, jugar cuando niño con los autos que en las tiendas miraba y no podía tener, patear la pelota en la cancha de la zona, sin amigos ni nadie, sólo yo, patearla contra la pared una y otra vez, abro los brazos y me transporto a ese mundo que quiero volver, siento un ruido en los oídos y pienso que el viaje está comenzando, bajo la cabeza.

Cuando era niño y podía llorar en tus brazos, y oír tanta cosa bonita en mi aflicción…, los primeros meses de sufrimiento contenido, noches enteras llorando en mi habitación, encerrado entre cuatro paredes escribiendo las cosas que estaría haciendo en mi casa, los amigos bebiendo en la dos de Obrajes, las amigas cantando mientras el Gordo toca la guitarra y todos abrazados van secando las botellas que en el piso se han formado como hilera al borde de las gradas y que de seguro unas copas más el Chapaco de una patada las mandará cuadras abajo sin ver si alguien pasa o un auto está al frente; y en momentos alegres sentado a tu lado reía, y en mis horas difíciles dabas tu corazón…, Ana de seguro sigue saliendo con ese paraguayo que trafica droga pero se niega a aceptar, aún me buscaría pidiéndo consejo y al caer la noche volvería a sus brazos repitiendo que todo es mentira, la policía miente, sus hermanos mienten, miento porque piensa que quiero volver. Mariel seguirá visitando los salones de belleza buscando un lugar para ella, siempre tan atenta a los cursos que dan por la zona sur, viajando a Tarija, Sucre, a veces Argentina y de vez en cuando Uruguay, todo por actualizarse, ha estudiado conmigo en la Universidad, hemos salido juntos pocos meses y cuando decidí viajar tomó sus maletas y se vino a vivir al cuarto que elegimos una mañana de viernes, aún recuerdo sus sueños de crear un centro de belleza, sillas reclinables, espejos empotrados, ocho empleadas y equipos que serán lo mejor que este país ha de tener, escuchará cada palabra de mis sueños pero buscará los de ella y a los pocos días volverá porque tiene su vida que no es la mía y de nadie más. Apoyo los brazos en la baranda y me suspendo levemente en la pared, la noche es tranquila, me gusta subir, echarme en el tejado con los brazos cruzados pensando que fue de mi vida, que es de mi vida, que será de mi vida, esta noche un par de lágrimas me han salido y no sé porque, hace tiempo que no lloro, es bueno llorar, te sale la impureza del alma, tendría que llorar días y días para que mi alma tenga algo de paz, aquélla con la que un día llegué.

Tengo a veces deseos de ser nuevamente un chiquillo, el pequeño que tú todavía crees tener…, siento la voz entrecortarse y alguna lágrima que se le va, aún cuando disimula que está bien, que me cuide, que coma para no enfermar, que me ponga el pantalón café y la camisa naranja ladrillo, sienta bien que tomes tus antialérgicos, no te olvides poner el despertador, cierra bien la garrafa, echa llave la puerta, asegura la ventana, diré a todo sí pensando que estando en casa un beso bastaría para el buenas noches. Cuando a veces te abrazo y te beso en silencio encendido y me dices aquello que yo necesito saber…, La tendría cerca, le diría que extraño los besos cada rato, acurrucarme en su regazo mientras acaricia mi cabello, me miraría y aún pensaría que estoy en colegio, preguntando si ya terminé la tarea, el estudio te llevará lejos, la abrazaría llamándola “viejita”, acariciando su rostro, apretándome entre sus brazos mientras se hace a un lado diciendo que la deje tranquila, pero en el fondo de sus ojos vería que le divierte aun mis travesuras, extraña mis buenos días y buenas noches, pensar que durante mis salidas nocturnas tengo la seguridad que al llegar a nuestra casa siempre la veré en la ventana, con la frazada en los hombros, una gorra y las llaves de la casa, me dirá que no le gustan las farras, de noche todo pasa y el peligro ronda a quienes lo buscan. Me siento tomando las plantas de los pies con las manos preguntando que ha sido de mi vida, si aún vivo de recuerdos, qué pasa con la vida, en silencio veré como se acerca la noche y me abraza en complicidad absoluta, cantando cerca las notas de la canción con que vine, con que me iré… Lady laura, abrázame fuerte, Lady Laura y llévame a casa, Lady Laura y cuéntame un cuento, Lady Laura.
Canción Lady Laura de Roberto Carlos

miércoles, 19 de agosto de 2009

UNA SALIDA


UNA SALIDA



Caminamos por una de las calles que rodea al condominio, no queremos entrar, simplemente ver las luces que algunos departamentos mantienen encendidas, otras apagadas y unas cuantas con el reflejo de algún televisor que han olvidado mientras se distingue en uno de los vidrios laterales del departamento 304 las imágenes de un Beto Cuevas cada vez más experimental, sopla un viento que nos dice ha de llegar sur, le muestro las estrellas, he escuchado de constelaciones, si bien no invento los nombres quizás sí la ubicación de las mismas, si pides un deseo con la primera estrella que aparezca al atardecer éste se hará realidad, debes hacerlo en silencio, cerrando los ojos, imaginando que se puede cumplir, me abraza, le gusta caminar abrazada, me besa y dice que me quiere, la miro y le doy un beso en el ojo, “un beso de ojo” digo, se ríe, me besa en la oreja, “un beso de oreja” dice, reímos mientras damos vueltas las calles que están casi desiertas, un par de niños juegan, gritan, Carlos, eso no vale, te dije no tan fuerte y mira donde fue a dar la pelota, no voy, ese perro me da miedo, señor ¿puede pasarnos la pelota?, veo al perro, agarro una piedra y me acerco distraído, con cara de desconfiado, apunto a los ojos, la pata, las bolas, ¿cien metros en diez segundos? si se me abalanza lo hago en cinco.

¿Qué piensas?, en nada, no seas malo dime en que piensas y te digo lo que hice hoy, pienso en lo difícil que es encontrar la salida una vez que he entrado en tus ojos, desde ayer vengo viendo la posibilidad de escapar, huir si algo sale mal, he estado dibujando un mapa pero se parece cada vez más a un laberinto del cual no sé si he de poder salir, me abraza, pasa la mano por el cuello, besa mi mejilla y se queda callada. Un gato sale por debajo la puerta de una casa abandonada, se detiene y mira a los costados, parece que ha escuchado un ruido y camina despacio, salta unas piedras que están en medio de la acera, dobla la esquina y trepa una de las paredes que da a una casa llena de árboles, los niños se paran y apuntan mientras ríen, el gato se ha caído y en el intento de escapar choca con los arbustos que están a un costado, ¿así quieres escapar de mi?, así no, lo pensaría muy bien, trataría primero de encontrar una canción de escape, ¿viste que todas las escenas de cine donde el protagonista huye ya sea del destino o de alguien suena una canción?, quizás elegiría una de Coldplay, una de James Blunt, esperaría que duermas y en medio de la noche agarraría las pocas cosas que pueda llevar, en silencio saldría, despacio, sé que tienes el sueño liviano, la otra noche bastó el ladrido de un perro y estabas en la ventana viendo si el pobre animal había tropezado y quejándote que puede caerse todo y seguiría durmiendo, dejaría una carta sobre la mesa de noche explicando que he decidido tomar nuevos rumbos, probar con algo que no sea tan fuerte, diría que temo acostumbrarme, las ideas han venido todas al mismo tiempo, algunas gritan que me quede, otras que vea que pueda pasar y las menos que huya, como siempre, mis debilidades son más fuertes que yo y tomo la decisión de hacer caso a las últimas, te daría un beso en la frente, acariciaría tu cabello que aún estaría húmedo por la ducha que tomas a medianoche, te taparía con la sábana, mueves los pies y quedas siempre al descubierto, me gusta verte así, pero pasan unos minutos y me digo que puedes resfriar. A medida que me aleje recordaría que olvidé cerrar la puerta, se cruzarían dos o tres ideas de volver y hacer como si nada hubiera pasado, puede que me acostumbre a la idea de verte todos los días, los autos pasarían uno tras otros mientras camino por una orilla con miedo a que hayas despertado y al no verme a tu lado agarres unas cuantas cosas y me sigas a lo lejos tomando el mismo camino que voy rumbo a uno de los alojamientos del centro. Con el tiempo pensaría que fue un error y en algún momento intentaría volver, pero pasamos tan poco juntos que inconscientemente olvidaría el lugar, el condominio, el departamento, la cama en que solíamos dormir.

¿Harías todo eso por dejarme sola?, respondo afirmando con la cabeza mientras veo los niños correr y entrar a la casa que ha estado con la puerta abierta, un beso suave, apoya la cabeza en mi pecho, cierra los ojos y me abraza.